juanignaciogutierrez

Y entrando en la casa, hallaron al niño con María su madre, y postrándose le adoraron, y abiertos sus cofres, le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un aviso del cielo para que no volviesen a Herodes, regresaron a su país por otro camino.

Evangelio de San Mateo

Queridos Reyes Magos:

Este año me he portado muy bien.

Bueno, algunos pecadillos sin importancia, como siempre; pero, en general, yo creo que me he portado bien.

Cuando tuve que hacerlo, me tomé todas esas medicinas tan malas que me dijeron que tenía que tomar; he ido al hospital todas las veces que ha tocado y ahora que me han pedido que me cuide un poco más y pierda un poco de peso, me he puesto a hacer algo de ejercicio -que tampoco estoy yo para correr la maratón- y he empezado a comer menos y mejor.

Con lo del coronavirus, también me he portado muy bien. He llevado y llevo siempre puesta la mascarilla, me lavo las manos con más frecuencia que antes y siempre que he tocado algo o es aconsejable por algún otro motivo, llevo un botecito de gel hidroalcohólico en el bolsillo cuando salgo de casa y cumplo y respeto las indicaciones que hay en los sitios a donde voy.

En casa, hemos evitado todos los desplazamientos innecesarios; tanto, que consideramos peligroso ir a nuestra tierra a ver a nuestras familias y a muchos de nuestros amigos en Nochebuena, como hacemos año tras año, y decidimos no ir. 

Y no creáis que no los hemos echado de menos, pero había que hacerlo así y así lo hicimos.

Ya sabéis que hace muchos años que no escribo mi carta, porque sé que no hace falta y me traeréis, como siempre, lo que me haya merecido. Pero este año siento la necesidad de pediros algo. 

Le he estado dando muchas vueltas, porque, a lo mejor, no es necesario que lo haga. Incluso he llegado a pensar que pudiera molestaros, pero a veces lo obvio se nos pasa y… no sé. 

Creo que me voy a atrever a pediros -y sé que lo vais a entender- que sigáis viniendo.

Que volváis a casa el año que viene, y el otro, y el otro. Y todos los años, como lleváis haciendo desde que fuisteis a conocer a Jesús hace más de dos mil años.

Yo sé que mientras mantengamos la fe y la esperanza de que lo hagáis, volveréis a visitarnos esta noche y a dejar en el salón nuestros regalos. Como sois magos, no os va a importar este virus tan malo que nos ha venido. Ni eso, ni nada. Porque nada puede detener la ilusión.

Desde que recuerdo -y son ya muchos años- siempre habéis pasado por todas las casas que conozco y, en el fondo, sé que seguiréis haciéndolo aunque no os lo pida, pero, no sé porqué, he sentido la necesidad de hacerlo este año.

Espero que no os haya parecido mal y que me traigáis mi regalo.

Toda la familia nos hemos portado muy bien; os esperamos con ilusión y esta noche, como siempre, os echaremos una mano y nos acostaremos todo lo temprano que podamos para que vosotros podáis trabajar tranquilos cuando vengáis a casa. Como todos los años.

Os quiero mucho,

Juan Ignacio

 

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