Mi bautizo.

Salvo yo mismo, todos los que aparecen en la foto han muerto ya, y mañana, Día de los fieles difuntos, es el que dedica la Iglesia Católica a su recuerdo.

Yo soy católico. Voy los domingos a misa con mi hijo, que también es católico, porque su madre y yo decidimos que fuera católico, como nosotros.

Mi hermana y mis sobrinos, también son católicos y también van a misa.

Mi hermana y yo íbamos a la misa de 12 del domingo en la preciosa iglesia de nuestro pueblo. Seguro que ella recuerda esas cosas mejor que yo, que soy más despistado, pero creo que nosotros íbamos solos a misa de 12 el domingo y mi madre iba a la del sábado por la tarde (“que también valía”) o es que se sentaba en otra parte. Probablemente sería eso y por eso no está en mis recuerdos de bancos de primera fila y olor a jabón de la Toja, flores e incienso.

Mi padre también era cotólico, pero no recuerdo que fuera nunca a misa. Era íntimo amigo del cura, pero por la iglesia solo pasaba los días de entierro.

La mayoría de las familias que conozco son así. Sí, cada vez tengo más amigos y conocidos que se han casado en el juzgado, el Ayuntamiento, un castillo o la terraza de algún restaurante y algunos que se declaran abiertamente ateos. Pero, incluso algunos de esos terminan bautizando a sus hijos o dejándoles que hagan la primera comunión “por la presión de la familia” o “para no estigmatizarlos porque los demás niños la hacen”.

En mi parroquia, por ejemplo, es difícil encontrar sitio -si no llegas unos minutos antes- en la misa de 11 y media de los domingos, sobre todo cuanto está cerca algún evento relacionado con las catequesis o las comuniones.

Sí, España es un país católico. Uno de los grandes países católicos del mundo y uno de los dos responsables, junto a Portugal, de que la religión católica sea una de las más importantes en todo el orbe. 

Aunque en realidad no supone la obligación del cristianismo, sino el fin de las persecuciones a los cristianos, el cristianismo se  convierte en una religión universal tras el Edicto de Milán a principios del siglo IV. Pero Roma no era Italia, y Italia, que es uno de los grandes países católicos, no es la responsable de la expansión del cristianismo. Los grandes hacedores de la expansión del cristianismo, son España y Portugal. Primero del cristianismo sin apellidos, y después del catolicismo.

El papa actual ha hecho gran parte de su vida pastoral en Perú y tiene esa nacionalidad; el anterior era argentino y países como Méjico (la Nueva España) o Filipinas, son países en los que el cristianismo es numéricamente más potente que en España (podríamos decir lo mismo de Brasil en relación con Portugal). Toda esa realidad, es la herencia española y portuguesa.

Estos son hechos fácilmente contrastables; no son la opinión de un fanático fundamentalista que reza el rosario por las tardes y quema herejes, hasta en la wikipedia podemos comprobar que así es. Y como tampoco trato de construir una teoría científica ni participar con esta reflexión en ningún sesudo foro académico, me voy a conformar con la wikipedia: España es un país de mayoría católica y los países de herencia española -incluyendo las Filipinas-, también. 

Pero más allá de la wikipedia, como dato más o menos objetivo que habría que tomar con más cautelas que el de la wikipedia, tenemos el último barometro del CIS, que pese a ser una poderosa herramienta de ingeniería social -y, sin duda, con ese objetivo- pregunta sobre las preferencias de los españoles en materia religiosa. 

Aunque hace una distinción entre practicantes y no practicantes, la encuesta arroja el dato de que el 59,2% de los españoles se declaran católicos, el 2,7% creyentes de otras religiones, el 13,6% ateos, el 11,8% agnósticos, el 10,6% no creyentes o indiferentes y el 2% no ha respondido a la pregunta. Es decir: no es que los católicos representemos, aún hoy, la minoría religiosa más numerosa, es que la mayoría de los españoles somos católicos.

Es más, entendiendo que los agnósticos, ateos y no creyentes de esa encuesta no profesaran ninguna religión, de los que se declaran creyentes, el 97,3% serían católicos.

La primera vez que asistí a la fiesta de Halloween fue el año que viví en EEUU. El Halloween de 1986 lo pasé en Nueva York y estuve en Time Square. Viví aquello como una fiesta de disfraces. De hecho, en mi ignorancia, cuando un amigo neoyorquino me preguntó qué me parecía lo que estaba viendo levantando el pulgar, le respondí con esta pregunta:

• Fine. Is like a carnival.

Y él, supongo que para no complicarse mucho, me respondió:

• It’s about death, but, yes. Is our carnival. More or less.

Yo nunca he celebrado esa fiesta. No está en mi tradición. En mi opinión es algo que se comenzó a introducir en las escuelas dentro del monumental experimento de ingeniería social que asola Europa desde hace décadas.

No sé si nuestra celebración de Todos los Santos de hoy, 1 de noviembre, y la de los fieles difuntos de mañana son una ancestral fiesta pagana cristianizada como se sostiene desde el paganismo rampante, pero es la mía, con la que he crecido, en la que me educaron mis mayores.

Aunque en mi parroquia actual voy a la de las 11 y media, he crecido yendo a misa de 12 el día de Todos los Santos, viendo el Tenorio con mi madre la noche de difuntos en Estudio 1 y visitando los cementerios el día 2 para honrar y recordar a mis antepasados.

No sé lo que nos deparará el futuro, pero para mi, y, como veis, para la mayoría de los españoles todavía, estos son días de recordar a nuestros seres queridos, a los que ya no están, no de vestirse de enfermera zombi.

Si pasáis por un cementerio comprobaréis la actividad que tienen estos días. La gente acicala las tumbas, lleva flores a sus muertos, que descansan allí en espera de la vida eterna.

Y esa es nuestra tradición, desde mucho antes, desde muchísimo antes de que el general Franco decidiera sumarse al golpe de estado que derrocó al último gobierno de la II República Española.

No mezclemos las cosas. Yo me acuerdo hoy, sobre todo, de mis padres. De Poli y de Encarna que, seguro, descansan en paz. Y aunque no pueda viajar estos días para visitar sus tumbas, están hoy en mi corazón, en mi memoria, en mis recuerdos. Mi hermana se ha encargado de todo el ritual del cementerio y sé que también lo hace en mi nombre.

Feliz Día de Todos los Santos a todos los católicos del mundo.