Versión en directo de Manuel Moreira y Nahuel Pennisi. El video está alojado en la red social YouTube.

Oración del remanso

Versión en directo de Manuel Moreira y Nahuel Pennisi. Al pulsar el botón accederá a un vídeo alojado en la red social YouTube.​

Entendí qué significaba ser hispano, que el y yo lo éramos, después de escuchar dos canciones del compositor e intérprete argentino Jorge Fandermole.

La primera se la escuché cantar a una tuna, a mi tuna o la que fue mi tuna. Estuve en la tuna de un Colegio Mayor hace muchos años y un grupo de aquellos viejos tunos y compañeros del colegio hemos mantenido un vínculo estable que hizo que, no hace muchos, me animara con algunos de ellos a volver a hacerme un traje de tuno y volver a salir a cantar a la Inmaculada un día señalado en Sevilla: el 7 de diciembre.

– Qué bonita esa canción, Nunca la había escuchado.

– La montó Económicas, pero es de un argentino. Es una maravilla, búscala en YouTube: La oración del remanso.

La busqué, claro, y encontré una deliciosa versión de Manuel Moreira y Nahuel Pennisi; pero eso eran dos argentinos, no uno. Nahuel Pennisi es ciego y coge y toca la guitarra de un modo muy peculiar. Tiene una voz preciosa; también el otro chico. Pero la canción no es de ninguno de los dos. Aquello era otra versión.

Seguí buscando, encontré la versión de la Tuna de Económicas de Sevilla y una de uno de esos coros canarios que cantan isas y folías. Supongo que la versión de la tuna había evolucionado desde la de aquel coro. Pero tampoco era de ellos la canción.

Versión en directo del coro canario Los Gofiones. El video está alojado en la red social YouTube.

Oración del remanso

Versión en directo del coro canario Los Gofiones. Al pulsar el botón accederá a un vídeo alojado en la red social YouTube.​

Podría haber sido perfectamente una canción de una tuna sevillana o de un coro canario, encajaba bien en el esquema típico de la música popular andaluza o canaria. El seseo de ambos acentos encajaba sin impostura, como encajaba el de aquellos dos chicos argentinos.

Sin obsesionarme, se convirtió en una de esas pocas canciones que a veces decido escuchar en bucle durante horas. Había muchísimas versiones en YouTube, muchísimas. Tantas que me llegó a llamar la atención que no la hubiera escuchado nunca antes, ya que la mayoría de ellas no eran recientes. En una de Mercedes Sosa encontré al autor, que hacía con ella un dueto por partes. Su nombre era Jorge Fandermole, un cantautor argentino, mayor que yo, con un acento que me resultó peculiar. En una revista entendí que podría deberse a que habrá algo parecido a un acento argentino neutro, como ese castellano del telediario que tenemos aquí, que se parecerá más al de la capital, Buenos Aires. Él no es bonaerense, sino de Santa Fe, que creo que es la provincia de la que son los rosarinos, como Messi o Fito Páez.

Entre los comentarios de una de las incontables versiones que he escuchado de la canción, hecha por dos chicas catalanas, estaba este:

“Soy de Colombia. Un joven en el Pacífico Sur colombiano en un pueblo de pescadores llamando Guapi en el departamento del Cauca. Bendigo la accidentalidad que me atrajo a ver y oír esta maravilla”.

La canción, una oración de los pescadores santafesinos del río Paraná al Cristo de las Redes, empezó a representar para mi una especie de canto a la Hispanidad. Aquellos pescadores argentinos rezaban a su Cristo de las Redes como yo podría rezar al mio de la VeraCruz. Había sido versionada, haciéndola suya, por cantantes andaluces, canarios, catalanes, colombianos, mejicanos, uruguayos, paraguayos,… usada para rezar al mismo Dios que llevaron nuestros antepasados a lo que hoy es América siguiendo sobre el azul del mar el caminar del sol, como dice ese himno que nos hemos prohibido a nosotros mismos cantar, como fruto de esa gesta a la que hemos decidido negar el carácter de hecho transcendental para la historia de la humanidad que tiene casi desde el principio.

Aquella singladura hacia el oeste, hacia donde el sol se pone si la iniciaste en las costas de lo que hoy es Huelva, terminó consiguiendo que yo terminara sabiendo qué dice la canción de Jorge Fandermole.

Nuestros antepasados comunes transformaron probablemente el impronunciable apellido que llevaron los suyos a esa tierra que hoy es la República Argentina, y que puede que entonces fuera todavía la tierra de los españoles del otro hemisferio, como establecía expresamente la Constitución Española de 1812.

Viví unos meses en Nueva York en los años 80. Un día tuvimos un mal encuentro en la calle con unos pandilleros que nos cortaron el paso en actitud violenta y amenazante, para volver a meterse en el coche cuando nos dirigimos a ellos gritando asustados en nuestro idioma. Cuando contamos el altercado a uno de nuestros amigos estadounidenses nos aseguro que era eso lo que nos había salvado de una probable pelea, ya que nuestros supuestos asaltantes habrían pensado que éramos puertorriqueños; “spanish”, hispanos, y que la gente tenía miedo de los hispanos.

En otra ocasión unas amigas nos pidieron que no habláramos entre nosotros en español en un tono elevado en el metro, ya que la gente se sentiria amenazada al pensar que éramos hispanos. Otra vez nos pidieron que no nos presentáramos como “spanish” (hispanos), sino como “spaniards” (españoles), para evitar confusiones.

Pero ya adelanté que eran dos las canciones que me habían permitido entender qué significaba ser hispano y saber que yo mismo lo era, sin tener que hacer más matices.

La segunda canción se llama exactamente así: Hispano, y es un hermoso compendio de distintos acentos de la lengua en la que Fandermole y yo, que compartimos el amor por la música, la poesia y la guitarra y, curiosamente, un apellido que alguien transcribió mal alguna vez, podemos hacernos entender y emocionar el uno al otro.

Y se equivoca Ayuso al querer ese Madrid de todos los acentos, porque los hispanos queremos seguir escuchándolos todos, también el de Madrid; que no se pierda ninguno, que haya cada vez más, que el Cristo de las Redes siga llenando de peces los espineles de los pescadores del río Paraná y la Virgen del Carmen, la Estrella de los Mares, las almadrabas de los gaditanos. Que en ambos hemisferios podamos seguir rezando cada cuál en su precioso acento.

El propio Jorge Fandermole canta en directo Hispano. El video está alojado en la red social YouTube.

Hispano

Cantada en directo por el propio Jorge Fandermole. Al pulsar el botón accederá a un vídeo alojado en la red social YouTube.​

Estos son los últimos versos del Hispano de Fandermole:

“Palabra del sentimiento

Sonora lengua del alma

Madre y patria de mis hijos

Sonido de mi esperanza.”

Y esas son las que terminaron de aclararme, fuera de toda duda, que yo también soy hispano. Y no me avergüenza formar parte de una de las culturas más grandes que ha dado la humanidad, de la gran raza cósmica de Vasconcelos.

Europa es nuestra familia política, nos hemos unido a ella por un tratado. La hispanidad es la carnal, nuestra familia de sangre. Claro que somos diferentes entre nosotros los hispanos, primos y hasta hermanos de ambos hemisferios, como lo son los hermanos que han nacido y crecido bajo el mismo techo.

Todos tenemos nuestra voz, un acento propio que reconocemos entre nosotros. Como la tiene mi hermana, mi mujer o mi hijo; como la tenían mis padres y mis abuelos. Cada una diferente, cada cual la suya, reconocible cada una de ellas.

Hispanos europeos, americanos, africanos, asiáticos, formamos parte de una misma familia. Más o menos lejana, mejor o peor avenida según las personalidades y las circunstancias.

Seguro que cuando consigamos darnos cuenta de eso, cuando dejemos de hacer caso a quienes ganan más teniéndonos separados, nos irá mejor a todos. Le irá mejor a nuestra gran familia.

Feliz día de la Hispanidad a todos.

«Hispano» cantada en varios acentos. El video está alojado en la red social YouTube.

Hispano

Versión cantada en varios de nuestros acentos. Al pulsar el botón accederá a un vídeo alojado en la red social YouTube.​

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