He estado este fin de semana en la capital del Reino de León. El sábado hubo un trepidante Cultu – Racing, o Cultural y Deportiva Leonesa – Racing de Santander que se llevaron los santanderinos.

Las huestes cántabras, ansiosas por su más que probable vuelta a la primera división habían tomado y teñido de verde la milenaria cuidad que fue un día sede de la Legión VII. Que de ahí es de donde le viene el nombre, a pesar de que hay leones por todos lados, hasta saliendo de las alcantarillas.

No contaba esta entre las ciudades peninsulares que me quedaban por conocer porque había pasado hacía muchos años por el centro con la moto, de vuelta de un viaje a Galicia. Pero, me equivocaba: en absoluto conocía León.

Es verdad que llovía y estaba llena de frio, pero no se cumple en ella otro de los tópicos del norte. Como Santiago o Gijón, León no es en absoluto una ciudad aburrida. Más bien, a mi edad, me pareció lo contrario: demasiado animada. Y no parece que la agitación fuera obra exclusiva de los entusiastas seguidores del Racing.

El domingo fueron las elecciones, que ganó el PP, aunque sólo recuerdo haber visto propaganda electoral del PSOE y de un partido local: Unión del Pueblo Leones.

UPL suena a UPN, pero no parece que esté tan alineado con las ideas del “centro-derecha” como su casi homónimo navarro. Unión del Pueblo Navarro está con quien le permita que Navarra pueda seguir siendo independiente dentro de España, lejos del proyecto pan-vasquista que los nacionalistas vascos tienen para su región; Unión del Pueblo Leonés, por lo que he leído, estará con quien le ofrezca mayor autonomía dentro de la comunidad autónoma a la que actualmente pertenece, con la mente puesta en conseguir una comunidad autónoma propia con Zamora y Salamanca.

Esa comunidad autónoma leonesa, formada por las provincias castellanas de León, Salamanca y Zamora, sería una versión reducida del histórico Reino de León.

Yo crecí en una comarca rayana del sur de la península, en lado español; hoy andaluz. Los rayanos, a ambos lados de la frontera, somos leoneses, hijos de aquel reino de León que tuvo las primeras Cortes y la primera reina de Europa que dirigió un ejército.

En mi pueblo no decimos pequeñito o pequeñico, sino chiquinino, como del otro lado de la frontera dicen “pequenino”. Este hecho diferencial me lo recordó una señora en la plaza del Ayuntamiento que, al saludar a unos conocidos les dijo: “voy a dar una vueltina, que es como decimos en León. En mi pueblo la hacemos aún más pequeña y damos una “vueltecina”. Pero claro, mi pueblo también es más pequeño que León.

De un modo muy grosero, lo reconozco, podríamos dividir longitudinalmente la península entre los que hacen el diminutivo en ico-ica, que sería la franja mediterránea; los que lo hacen en ito-ita y los que lo hacemos en ino-ina. Los últimos, lo haríamos así por influencia leonesa, o astur-leonesa, que es como dicen los nacionalistas de allí y como debería ser.

La primera sede del Reino de Asturias fue Cangas de Onís, en las montañas. De ahí parte por tanto la reconquista. La siguiente sede fue Oviedo y después, muy a principios aún del siglo X, León, verdadero centro del afán de reconquista.

Mil cien años de reino, ahí es nada. Los leoneses deberían ser, por tanto, más ambiciosos en sus aspiraciones. Esas tres provincias son un objetivo muy rácano para quien consiguió recuperar para la cristiandad más de media península.

La catedral de León más que parecer francesa, es una catedral francesa. Es curioso como nos hemos tragado que el estilo gótico, que es francés, es de los Godos, cuando ese “godos”, además, está dirigido despectivamente hacia nosotros por los fundadores de la leyenda negra anti española, que son los italianos del renacimiento, que, además, curiosamente también, fueron los últimos en llegar a ese renacimiento del que se sienten fundadores.

La catedral se levanta sobre el campamento original de la Legión VII, acuartelada allí tras las guerras cántabras, con las que creo que no tuvo nada que ver porque llegó después de terminadas.

La VII permaneció en León para proteger la extracción de oro de Las Médulas. Sí, los romanos dejaron en Hispania las villas, las ciudades, las carreteras, los puentes, los templos, los acueductos, el derecho, el idioma, pero se llevaron el oro, como los españoles de Méjico. La que derrotó a los cántabros fue la Legio VI Victrix Hispaniensis algunos años antes. Pero esas victorias las vengó el Racing el sábado. La historia da tantas vueltas…

León conserva también un paño de la antigua muralla romana. Supongo que es una reconstrucción medieval o posterior, pero debe haber vestigios de la original.

En el seminario, que está en la misma plaza en la que apunta al cielo la catedral -que es lo que hacen las catedrales góticas- estaba expuesto una especie de Belén compuesto con escenas de la Pasión, porque León también es una vieja ciudad cristiana famosa por su Semana Santa.

Nos identificamos como sevillanos, felicitamos al representante de la hermandad que había organizado la exposición por la iniciativa y le dijimos que si se enteraban en Sevilla de aquello terminarían haciendo uno que lo superaría.

Le extraño que en Sevilla no tuvieran ya alguna, porque, según nos dijo, el artista que había elaborado las imágenes era gaditano, que hasta allí llegó en su día el Reino de León, como puede comprobarse en los pendones de los castillos y regimientos andaluces y en los escudos bordados en los palios de las Vírgenes de nuestra Semana Santa.

Por cierto, leoneses son también los que hacen el diminutivo en iño-iña. Ese pobriño, también es leonés, como la madre de Dom Afonso Henriques, Teresa de León, hija bastarda del Emperador Alfonso VI. Pero esa es otra larga historia y por lo que he leído, a los de la Unión del Pueblo Leones les vale con poder nombrar presidente y consejeros entre sus amiguetes y que los niños estudien “llionés” en las escuelas de las tres provincias para poder pedirlo después en las oposiciones.

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